1/17/2008

Los empresarios del cine, asombrados e incrédulos ante el descenso del 345% en la venta de entradas durante 2007


Cascajo Press, 19 de enero de 2008
- El cine en España sigue perdiendo espectadores a cascoporro, y de manera absolutamente inexplicable. Las salas españolas, baratísimas y con grandes facilidades de financiación a los clientes ofrecidas por la mafia colombiana, atrajeron el año pasado sólo a 120 personas y media, quienes pagaron unos 23.350 millones de euros (un descenso del 345,4% respecto a 2015, según los cálculos de nuestro becario, Toribio Arribas, que es de letras y es capaz de prever el futuro si le hacemos los papeles de la cotización).

Los gerifaltes de la industria del cine han descartado acusaciones infectas de ciertos sectores sociales subversivos que piden un abaratamiento de las entradas de cine: "no seamos miserables, por diossss. Hay que ser miserable para protestar porque pedimos sólo 230 € por entrada, lo cual es la media europea calculada por un tal Toribio Arribas, consultor afamado en industrias de cine y becario de nuestra patronal. !230 € no es dinero, coj**es! Además, agasajamos a los clientes con publicidad a volumen atronador para entretener e informar, y con el fin de evitar estrés ni prisas, la película empieza media hora tarde para permitir el lucimiento de unos ciento cincuenta anuncios de colonias y cosicas útiles que gusta a todo el mundo, particularmente a los cinéfilos. Por si no fuera poco, nos desvivimos por el cliente hasta tal punto que le ofrecemos palomitas y chucherías de luxe por unos míseros 34 € cada 20 gramos. Yo no entiendo a la gente, de verdad; yo no sé por qué están dando de lado al cine. Para mí es una incógnita".


La pérdida de clientes, extrañísima de verdad, ha acabado con muchas salas de exhibición cuyos dueños se han reconvertido y encontrado empleo en sectores afines a la industria del cine como por ejemplo el narcotráfico, la extorsión y la trata de blancas.


Entre los 50 títulos más vistos en 2007, el primer filme español es El Ballenato, en un buenísimo quincuagésimo puesto. La película, dirigida por Pedro Almodóvar borrachuzo y con diarrea, narra las peripecias de una prostituta enganchada al crack y las bragas de marca, y que al mismo tiempo se saca el carnet fraudulentamente a costa de su cosuegro, que es medio subnormal y se sopla los mocos con una chumbera, y luego aparecen unos cuantos transexuales cantando el "Ay Dalai" de Mecano y se funde a negro y se acabó. El gran director norteamericano Woody Allen ha comentado, tras visionar El Ballenato, que, "I don't even understand a potatoe, but it must be bad of the host" ("no entiendo ni papa, pero debe ser mala de la hos**a".


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